La Enyucada

|   Opinion

Por: Eudoro Álvarez Cohecha.

Miles de agricultores de yuca fueron convocados el pasado 15 de diciembre por el ministro de Agricultura, Juan Guillermo Zuluaga, según lo afirmó él mismo, para resolver la grave crisis por la que atraviesan los productores de la Euphorbiacea, al punto que algunos han optado por pasar el rastra e incorporar la totalidad del cultivo, ante los ruinosos precios que ofrecen en el mercado una bien montada cadena de intermediarios que se quedan con la mayor parte del valor que los consumidores pagan por este producto de consumo popular.

Las cifras presentadas por los voceros agropecuarios en tal reunión, señalaban que 4.000 hectáreas esperaban una solución ante la gravísima emergencia; muy altisonante en un discurso recibido con enorme expectativa por los campesinos, el ministro anunció que se iniciaba Colombia Compra, para complementar el fallido Colombia Siembra de su antecesor, y para ello determinó que se destinarían 1.100 millones de pesos, que serían otorgados a razón de 250 pesos por kilo de yuca comercializado, lo cual sumado a los precios pagados en el mercado, significaban un alivio para los sufridos productores.

La esperanza de una solución se vio reflejada en las enormes colas de los campesinos, inscribiéndose para acceder al beneficio ofrecido.

Consultados algunos agricultores de yuca presentes en la mencionada reunión, hechos los cálculos de productividad por hectárea, se concluyó que el precio así constituido, aliviaría la situación de los expectantes productores al filo de la ruina.

El aterrizaje forzoso se dio cuando procedimos a calcular el área que cubriría el subsidio anunciado: Escasísimas 204 hectáreas, lo cual solo cubriría 5 % del área en peligro.

Los padecimientos no culminaron allí. Seguidamente, con algún retraso, justificado por los funcionarios del Ministerio de Agricultura en las aclaraciones jurídicas dentro de la entidad, salió la resolución respetiva reglamentando el otorgamiento del subsidio, la cual contenía más “condiciones que un tute” y con plazos tan apretados que solo unos poquísimos días tenían los aspirantes al subsidio para cumplir con los perentorios plazos impuestos, pues, “los pagos se harían antes del 29 de diciembre”, día del cierre fiscal del gobierno.

Fue tal el corre-corre impuesto que muchos agricultores se vieron conminados a dedicar eternas horas al lleno de los requisitos exigidos, superando en las inscripciones ampliamente el área calculada, según el monto anunciado y establecido en la resolución respectiva.

De la precariedad del monto del subsidio estaban advertidos los burócratas del ministerio, sin embargo se hicieron nuevas reuniones para motivar la inscripción de campesinos a quienes ilusionaron con las promesas del minagricultura en persona.

El resultado de esta “operación” no ha podido ser más decepcionante: Ni un solo subsidio pagado a la fecha, miles de agricultores frustrados por la expectativa generada a propósito y una pérdida de credibilidad en una institución como el Ministerio de Agricultura, supuestamente especializada en resolver este tipo de entuertos.

Mucho me temo que a los yuqueros les puede ocurrir idéntico a lo sucedido con las deudas del arroz, con los reclamos sobre la calificación fraudulenta de sus productos, con los precios ruinosos que se les pagó en la cosecha que culminó, con los altos costos de producción que tienen que soportar, con el “costo país” por el cual debiera responder y no lo hace el gobierno.

Con los fallidos laboratorios de referencia para evitar el saqueo que hace la molinería del ingreso de los arroceros, con los anuncios altisonantes de intervenir el precio del arroz que se quedó en eso… en anuncios.

Mal lo está haciendo el ministro paisano. Tan solo nos queda recordar que se cumple aquello de que “un ministro es alguien a quien le dan un instrumento para que toque en una orquesta, le asignan una partitura predeterminada, con un director de orquesta que no tiene la intención de cambiarla y que si se sale de la canción escogida, lo echan de la orquesta”.

Muy temprano está agotando la capacidad de engaño con que arrancan los ministros en su estreno.

(*) Dirigente agropecuario.

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