Las peores vías del departamento de Meta están en El Calvario y San Juanito

Created by Juan Fernando Alzate Aguilera | NoticiasdeVillavicencio.com | |   Noticias

 

En la calle de entrada a San Francisco, o San Pacho, como le dicen con cariño las personas locales, hay amontonados 21 guacales de madera de los que se usan para guardar mora, lulo y tomate de árbol. Un par de casas más allá, 2 mujeres y un hombre desgranan fríjoles sobre una mesa plástica azul.

Da la casualidad de que por estos días es la cosecha de fríjol y casi todas las personas en la cordillera andan en las mismas: recolectando, secando y desgranando fríjol.

En los próximos meses vendrá la cosecha de los demás productos que se encuentran cultivados por el camino. Hay tomate de guiso en viveros de plástico, matas de mora entre los cultivos de fríjol, lulo, tomate de árbol y algo de caña de azúcar, que luego se muele en un trapiche y se cocina en fondos de metal para verter en moldes y hacer panela.

Pero ahora mismo, por el bien de la cosecha en curso, todo el mundo reza al cielo por un solo favor, como dice doña Maruja Parrado: “Dios mío, que no llueva”.

Doña Maruja Parrado y don Marcos Herrera llevan casados 54 años. Tuvieron 14 hijos, de los cuales viven aún 12, y cuando los visité se preparaban para celebrar el cumpleaños 91 del hombre mayor de la familia, que prestó servicio militar en Pamplona (Santander) y Málaga (Norte de Santander) durante los meses finales del gobierno de Laureano Gómez (1950 a 1951) y los primeros de Gustavo Rojas Pinilla (1953 a 1957).

Los ancianos cuentan sentados en el patio de su casa, cerca al cuarto en el que están amontonados varios bultos de fríjol, que de San Francisco a Quetame (Cundinamarca), por donde se sacaban los productos que se cultivaban en aquel tiempo, había 7 horas de camino.

Y no era cualquier camino. Era una trocha empinada, dura, abierta a machetazos.

Recuerdan que doña Celedonia, la vendedora de vasijas, ollas y recipientes de barro, llegaba por esa trocha con la mercancía en una maleta de fique, más grande que ella misma, y si había una persona enferma, debían sacarla en camilla o guando por esa misma montaña hasta llegar a Quetame.

Por la otra salida, en el camino que conduce hacia El Calvario se demoraba casi 3 horas. El trayecto se hacía a pie porque a la gente le gustaba andar descalza, y no había calzado capaz de resistir ese trajín, así que preferían quitarse los zapatos al salir de San Francisco y ponérselos de nuevo al llegar al pueblo.

Los domingos, tenían que caminar por obligación esas 3 horas al ir a misa, y les estaba prohibido beber incluso un sorbo de agua, pues en aquella época se exigía tener el estómago vacío para poder comulgar.

EL SERVICIO DE SALUD NO ES PERMANENTE

Como era inevitable, San Pacho está bajo el efecto de los pasacalles y los carteles de propaganda política. 2 candidatos al Congreso por el partido Liberal, y una candidata del partido de La U, todos del llano, quienes se han encargado de empapelar el caserío que cuenta con atención en salud sólo 2 veces al mes.

Desde la ventana de la puerta principal del puesto de salud se pueden ver 2 recibos de servicios públicos en el suelo. A un lado de la puerta, el contador de energía eléctrica está detenido en 163056 kWh, y por la ventana del garaje puede verse una ambulancia vieja, muy vieja.

Entre los barrotes de la puerta hay algunas hojas con información importante. En una de ellas están escritos los números de las autoridades de atención en salud y emergencias (Defensa Civil, Policía, Personería y enfermera jefe), y en otra se advierte a los lectores que, en caso de cualquier inquietud, queja o reclamo, pueden comunicarse al número de teléfono que debe responder el señor, Samir Garay, director del centro de salud de El Calvario, municipio al que está adscrito San Francisco.

Llamo primero al número de la enfermera y está fuera de servicio. Después marco el número del director, y el hombre que responde la llamada me informa que el puesto de salud de San Francisco tuvo servicio de enfermería hasta el año 2016, y cerró porque no hay presupuesto.

Agrega que se está analizando una estrategia que permitiría que el municipio de El Calvario destine en el futuro partidas presupuestales para la operación del puesto de salud. A la pregunta de qué deben hacer entonces los habitantes de San Francisco cuando hay una emergencia, responde: “En esos casos, pueden llamar y enviamos la ambulancia del centro de salud”.

Hechas las cuentas, por el camino de abajo, que es más corto y está recién arreglado, una ambulancia puede demorarse 20 minutos de El Calvario a San Francisco. Ida y vuelta, serían 40 minutos. Se me ocurre que tal vez les salga más fácil quemar los afiches de propaganda política y enviar señales de humo o pueden rezarle a la virgen.

Durante los 3 días que voy a pasar recorriendo la pequeña parte de la cordillera metense, encontré al menos 15 imágenes de la virgen María, ubicadas en cualquier punto de los caminos veredales de San Francisco, El Calvario y San Juanito.

La Virgen del Carmen, la Milagrosa y la Virgen de Lourdes están en cualquier recodo, dentro de una urna de vidrio o sobre altar de piedra, custodiando la cruz con el nombre de algún muerto o vigilando la producción del estanque de truchas.

QUE NO LLUEVA

Desde el cruce que se desvía de la carretera principal hacia El Calvario, está el camino de herradura con 5 kilómetros a San Francisco, delimitado por los alambres que cercan las propiedades y mangueras del agua a las fincas, al final del cual se levanta la antena de telefonía móvil que señala la cercanía del pueblo.

Además de los cultivos e imágenes de la virgen María, hay agua, mucha agua: cascadas que brotan de la montaña y bañan el cañón de la cordillera oriental. También aves con infinidad de cantos —desde risas agudas de mujer hasta silbidos parecidos a los de un hombre que camina distraído por la calle—, y helechos de todos los tamaños imaginables.

Por el trayecto, en el que alcanzo a escuchar la voz de una locutora de radio que habla de las protestas de Chichimene y Castilla La Nueva, todas las personas que van en dirección contraria me saludan en 2 tiempos, dicen: “Buenos días, ¿cómo está?”, “Buenos días, con su permiso” o “Buenos días, que pase un buen rato”.

Algo de lo que no se habla mucho en San Francisco ni en El Calvario ni en San Juanito, es de los años en que las FARC controlaron el territorio. Una persona que prefirió reservar el nombre, me dijo: “Aquí hubo una época pesada también. Cuando estuvo la guerrilla fue pesado, no podía trabajar uno. En esa época teníamos una tienda y lo poco que se ganaba había que dárselo a ellos. Era pésimo”.

Antes, por los años en que doña Maruja y don Marcos eran jóvenes y por la época en que empezaban a formar su familia, en San Francisco crecía, por entre los rastrojales y junto a la vega de los ríos, una variedad de fríjol que se conoce como fríjol chato.

Recordó doña Maruja que, a pesar de los trabajos y las dificultades, en San Francisco la gente jamás aguantó hambre. En los huertos caseros era fácil encontrar cultivos de batata o papa dulce, ahuyama, alverja, garbanzo, lenteja y maíz.

Mamá tenía matas de durazno. Los recogía los sábados y los domingos se echaba la maletica a la espalda y se iba a El Calvario a vender los duraznitos para hacer mercado”.

Y así como por estos días ruegan para que no llueva, mientras dura la cosecha de fríjol, hubo un tiempo en el que las personas de la cordillera rezaban para encontrar alguien que les curara los males.

A don Marcos, que hace muchos años estuvo postrado en cama durante varios meses, porque se le adormeció medio cuerpo, lo sanó una infusión de yerbas y baños de leche que le recetó, Rafael Celis, el boticario de Cáqueza, famoso entre los más longevos porque era capaz —eso dicen—de diagnosticar la enfermedad de cualquier persona con una sola muestra de orina, y un papel en el que se informara cuáles eran los síntomas del malestar.

Me despido de don Marcos, doña Maruja y su familia hacia el mediodía, cuando ya me han dado un buen plato de garbanzos, arroz, carne de cerdo y papa. Me dicen que es una lástima que no vaya a presenciar la fiesta que los hijos le van a celebrar a don Marcos, y reiteran que si hay algo que hace falta en San Francisco son las carreteras, porque si las vías estuvieran en buen estado, tal vez llegarían algunas empresas que dieran trabajo a la gente.

Les garantizo que voy a hablar de las carreteras, y le agradezco a doña Maruja la hospitalidad con la que toda la familia me ha tratado.

Me contó, orgullosa, que un nieto se va a ir de San Francisco a Bogotá a estudiar cine y televisión, y una nieta está a 3 semestres de graduarse de Ingeniería Ambiental en Villavicencio. Los felicito a ambos por haber formado esa familia tan trabajadora, me vuelvo a despedir y le deseo de antemano a don Marcos el feliz cumpleaños.

El centro poblado de San Francisco está en jurisdicción de El Calvario, localidad que con San Juanito hacen parte de los 2 municipios metenses que están en la cordillera oriental, hace frío, se baila música carrenguera y para llegar a ellos es más fácil tomar la vía Villavicencio a Bogotá y desviarse por Monterredondo.

Esas 2 poblaciones son ricas en producción de frutas, verduras y trucha, y son varias las generaciones de ciudadanos que han escuchado a los gobernadores de Meta comprometerse con el arreglo de sus carreteras de acceso, sólo que esas promesas nada que se cumplen, ni siquiera en el siglo XXI.

La vía hacia San Francisco en jurisdicción de El Calvario (Meta).
Entrada al centro poblado de San Francisco.

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