Crecimiento económico en tiempos de paz

|   Opinión

Por: Mario Romero (*)

 

Referirse a la paz en Colombia es un tema que tiene diversos ángulos, una realidad deseada, un derecho por garantizar por parte del Estado, muchos caminos, un solo objetivo. En una divergencia tan grande el debate es enorme, los puntos de vista se han politizado, la polarización es evidente y continúa en el 2017 donde las posiciones contrarias se ubican en el escenario de implementación del acuerdo firmado, pero hay un punto claro, que cada esquina reconoce: El país necesita estar en paz.

El fin del conflicto armado es un paso, uno que genera diferencias en el “cómo” se debe realizar, en este punto no hay una receta específica, el acabar con un conflicto de 50 años, único en el mundo, es una tarea titánica que la sociedad debe realizar. En este espacio he buscado referirme a temas económicos, por lo cual considero que alcanzar la paz también tiene un tinte económico, bajo ese escenario podríamos argumentar parte de la causa del conflicto, de su sostenimiento en el tiempo y de su inconveniencia para el crecimiento económico.

¿Qué viene con la paz?

Una pregunta que debe ser considerada en el debate político actual, en materia económica los beneficios son diversos, pero el primero, el cual merece la principal mención y que va más allá de los resultados que económicamente se puedan lograr, es retomar el valor de la vida.

Según cifras del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), en su reporte mensual número 4, frente al cese bilateral al fuego presenta que después de 4 meses (122 días) de haber entrado en vigor, se registra un cumplimiento casi total de los compromisos y protocolos que definen el cese. Además no se registraron víctimas mortales o heridos de la sociedad civil ni de la fuerza pública [1].

Lo anterior es una reducción enorme de los costos de la guerra, el cese de los fusiles es un logro del fin del conflicto, pero regreso a la pregunta, donde la respuesta se presenta en diversos escenarios, uno de ellos es el crecimiento económico.

El Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico de la facultad de Economía de la Universidad de los Andes presentó en su publicación número 19 del año 2016 el ensayo “Paz y PIB”, del profesor y doctor en economía, Marc Hofstetter.

En el escrito el profesor aterrizó las expectativas de crecimiento esperado con el fin del conflicto, parámetros que en algunos medios fueron desproporcionados ubicando un margen del 0,4 % al 4,4 %, pero que en común en estudios del Departamento de Planeación Nacional (DNP), la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF) y lo presentado por el presidente de la República el año anterior, se ubicaría en un margen del 1 % y 2 %, sostenido en el tiempo, posterior al fin del conflicto.

El estudio, en palabras del profesor Hofstetter: “No debe ser entendido como un intento por restarle legitimidad al proceso de paz, sino a que no esperemos que el pacto venga con una varita mágica que inflará nuestros recursos año a año” [2]. Es en esta y otras afirmaciones que el documento enriquece el debate, y centra la realidad del crecimiento bajo proyecciones razonables.

Bajo un análisis que recorre los efectos del conflicto sobre el crecimiento, la poca persistencia del crecimiento a largo plazo en la economía, el análisis de la evidencia resultante en casos de fin del conflicto en otros países (Nicaragua, El Salvador y Guatemala), y las estimaciones sectoriales evaluadas para el país, el profesor Hofstetter discute la amplia promesa de crecimiento con el fin del conflicto, acepta los beneficios del mismo, pero concluye que la producción colombiana no alcanzara tales expectativas (Expectativas principalmente en agro e industria), por el contrario, invita a la prudencia y ubica al crecimiento económico resultante del fin del conflicto, como una pieza importante y necesaria para el país, más no como la varita mágica que transformará la realidad económica del sistema colombiano.

La paz será parte del engranaje económico del país en los años por venir, no será la vara mágica que resultará en crecimiento de un día a otro, es en la dirección económica nacional, donde reposa la responsabilidad de explotar e impulsar el aporte económico que la paz genera, en lograr impulsar los sectores que encuentran beneficios con el cese al fuego, con políticas de amplio alcance, con la consolidación del Estado en todo el territorio, y con un modelo económico que se aleje de la economía del goteo, y se oriente hacia la promoción de un crecimiento equitativo para todos los ciudadanos.

Nota: El creer que la paz es necesaria no me quita la posibilidad de objetar la Reforma Tributaria, la paz debe ser acompañada por equidad social.

(*) Economista de la Universidad de los Llanos. Especialista en Formulación y Evaluación Social y Económica de Proyectos de la Universidad Católica de Colombia. En Twitter: @romeromario87.

 

REFERENCIAS

[1] Cerac, Reporte mensual número 4, diciembre 30 de 2016.

[2] CEDE, Universidad de los Andes Paz y PIB, Marc Hofstetter.

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