¡Lo advertimos: Es Colombia quiebra!

|   Opinión

Por: Eudoro Álvarez Cohecha (*)

 

Tras un año largo de lanzado el programa “Colombia Siembra”, se notan las inconsistencias del mismo por sus resultados.

Efectivamente aumentaron siembras en cultivos como arroz, maíz, soya y algunos otros que respondieron al llamado gubernamental, pero ahora quienes así reaccionaron a la invitación oficial se hallan entrampados, porque esa iniciativa dejó al garete la comercialización de los productos generados, en un mercado fuertemente afectado por las importaciones resultantes de los Tratados de Libre Comercio (TLC) y en manos de monopolios compradores sin ningún control estatal.

De otro lado, según el DANE, las importaciones continúan aumentando amplificando una tendencia, resultante del modelo de libre comercio, agenciando por el Estado colombiano desde hace 5 lustros.

En arroz se recuperaron áreas, principalmente en los departamentos de la Orinoquia, llegando a cifras nacionales similares a las de épocas anteriores, pero el resultado de ese esfuerzo dejó a los agricultores “colgados de la brocha”, pues a pesar de los aumentos en costos de producción, resultantes de la devaluación que encarece el componente importado de la actividad agrícola y de medidas nacionales que encarecen elementos nativos de la misma, el gobierno decidió mediante resolución disminuir los precios de compra.

A eso se agrega la arbitrariedad permitida por el Ministerio de Agricultura en los procesos de evaluación del producto, en los que molinos constituidos en monopsonio incontrolado, son juez y parte en la calificación de calidad del cereal.

Para rematar. Con un mercado abastecido con la cosecha recientemente receptada, se importan contingentes de TLC con Estados Unidos completamente innecesarios, lo que agregará un elemento más de desestímulo a la producción nacional: “tras de corneados, apaleados”, con la connivencia gubernamental.

En maíz, donde se importan más de 4 millones de toneladas, la industria de concentrados, principal comprador, paga incluso por debajo del precio del importado, negándose sistemáticamente a adquirir el nacional, colocando a los productores en el peor de los mundos, de tener que guardar su producto a costos altísimos, incluso corriendo el riesgo de perder su cosecha por falta de almacenamiento.

En soya la película se repite, y adicional a factores climáticos que afectaron la colecta, también la industria, la de concentrados, paga por debajo del precio de las importaciones, sometiendo a los productores a una verdadera tortura al momento de comercializar su cosecha.

Pero si en los anteriores productos llueve, no escampa en otros como la leche, papa, cebolla, cacao, fríjol; el producto importado compite deslealmente con el nacional, y para el gobierno los compromisos adquiridos en los TLC están por encima del interés de la producción nacional, tratada como “la más menos”.

La resurrección del campo cacareada con enormes erogaciones propagandísticas del ministerio del ramo, está resultando un fiasco, por la sencilla razón de que la comercialización de la producción que se genere, estimulada desde el ente gubernamental, no tiene una política de comercialización que asegure precios rentables para el agricultor colombiano, frente a unas importaciones provenientes de naciones que subsidian su agricultura, y en una situación de “libre comercio” en la que no se responde a esto con los impuestos en frontera que equilibren la desigual  competencia.

Colombia tiene hipotecada su capacidad de estimular la actividad agrícola por unos TLC mal negociados, en donde a pesar de la revaluación de la moneda nacional, no se cuenta con instrumentos de política interna que permitan al productor tener una rentabilidad adecuada y en casos extremos como los señalados, se evite la pérdida,  incluso de parte de los recursos invertidos.

Urge un cambio de esta política antiagraria y que los agricultores afectados sean apoyados mediante claras y prontas medidas de alivio, que protejan sus patrimonios y además se corrija la política de financiación del campo, especialmente del Banco Agrario, más interesado según los hechos conocidos en despilfarrar los recursos del agro financiando empresas cuestionadas por la justicia nacional e internacional y jugando a la especulación en actividades financieras de alto riesgo y dudosa legalidad, mientras el agro nacional carece de adecuado apoyo crediticio. 

(*) Dirigente agropecuario.

Alerta de sismo en Villavicencio

Directivos de Cormacarena reunidos con Ecopetrol

Retos de la Orinoquia frente al cambio climático

Villavicencio una ciudad sostenible, según Findeter

Se derriten los nevados de Colombia

Cambio climático y gestión integral del agua: Experiencias de Ecopetrol

Petróleo en Meta: ¿Si o no?