La revolución estudiantil villavicense años 70

|   Opinión

Por: Óscar Alfonso Pabón Monroy (*)

 

Haciendo eco a lo que ocurría en Bogotá y en otros sitios de América y Europa, en los comienzos de los años 70 la juventud estudiantil y el magisterio de primaria y bachillerato villavicense expresaron su protesta en contra tanto de las políticas intervencionistas norteamericanas en Vietnam, como del sistema educativo colombiano formulado por el gobierno de Misael Pastrana Borrero (1970 – 1974), presidente cuyo mandato tuvo como lema Frente Social.

Había transcurrido una década desde cuando el territorio Meta fue elevado de intendencia al departamento, y Villavicencio apenas tomaba su rumbo de pueblo a ciudad. En esa época aún no había nacido la Universidad de los Llanos (Unillanos).

Por entonces yo cursaba estudios de bachillerato, primero en el colegio Francisco José de Caldas luego en el Instituto Técnico Industrial, condición que me hizo ser testigo directo de las 2 historias que en cronológico orden ahora narraré.

La primera pedrea

En contra de la reforma educativa cierto día se organizó una marcha de maestros y estudiantes, el punto de partida fue el colegio Caldas en el barrio San Isidro. En filas subimos hasta llegar al edificio que hoy ocupan las emisoras de RCN.

A los participantes nos dieron chapolas, pequeños trozos de papel con algunas consignas. Recuerdo el verso: “Frente Social, maldito frente social”, que cantamos con la música de Guantanamera, la popular canción cubana.

Una vez llegamos a la referida esquina, giramos a la derecha para tomar rumbo hacia el antiguo almacén Ley. Cuando la cabeza de la marcha llegó a la siguiente esquina no pudo avanzar, puesto que la vía estaba taponada con policías a caballo. Yo iba en la mitad del grupo, hoy me ubico más o menos al frente del hotel Napolitano.

Alguna provocación hubo entre quienes encabezaban la manifestación y los policías, porque de pronto comenzó lo que luego fueron disturbios. Antes de lanzar piedras, traídas desde sitios vecinos al parque del Hacha, se usaron pedazos de los soportes de madera de las pancartas.

En los desórdenes de esa tarde quedaron rotos los vidrios de los enormes ventanales de la empresa César Echeverry –que vendía carros- y del almacén Ley.

Para evitar ser detenidos por los uniformados, con otros manifestantes nos refugiamos en una casa taller de mecánica automotriz. Cuando se supo que la policía estaba ingresando a los negocios para detener a participantes de la perturbación callejera, optamos por las siguientes estrategias: a mi ropa yo le unté grasa para carros como si fuera ayudante de allí, a su vez la dueña de la casa le prestó camisolas de dormir a unas profesoras, quienes de inmediato se las pusieron para parecer como residentes del lugar.

Los uniformados no entraron al referido taller. Al caer la tarde pude salir a la calle y observé que aún había grupos de manifestantes controlados por la autoridad, a la espera del camión para llevarlos a la Inspección de Policía.

Ya en mi casa escuché las noticias radiales que narraban los hechos de desorden de esa jornada de protesta, la cual –si no estoy mal- corresponde a la primera pedrea callejera estudiantil y de maestros de Villavicencio, causada por la inconformidad y rechazo a la reforma educativa nacional.

Y se rebautizó un parque

Hay que decir que las rebeldías juveniles de la primera parte de la década del 70 en Villavicencio las lideraron los estudiantes de secundaria de los colegios públicos Caldas, Normal –mixta- y el Técnico Industrial.

El Bachillerato Femenino aunque oficial no participaba, porque a las niñas sus papás o la rectora no las dejaban.

En aquel tiempo eran permitidos los consejos estudiantiles. Como todos los adolescentes de esa época, fui parte de la base de esas organizaciones. Recuerdo que por el perrenque de su movimiento estudiantil con tintes de izquierda, al local colegio Caldas se le equiparaba con la Universidad Nacional.

Coinciden aquellos tiempos de rebeldía juvenil con los proyectos de urbanismo de la capital de Meta, administrada por el entonces alcalde conservador, Narciso Matus T., quien en sitio adyacente al molino Tres Esquinas aprobó la construcción de un parque al que por decreto llamó, Mariano Ospina Pérez, en recuerdo del expresidente de su misma filiación política.

Algunas semanas después los líderes de los consejos estudiantiles del Caldas, Normal y Técnico Industrial programaron una marcha teniendo como punto de encuentro el nuevo espacio público.

El día señalado los estudiantes en filas se enrumbaron desde sus respectivas instituciones educativas. Una vez concentrados en el sitio convenido, comenzó la programación con discursos de protesta bien aliñados con teorías marxistas.

Luego entre arengas de rechazo a la guerra del Vietnam y de “abajos” al imperialismo yanqui se quemó una enorme bandera de Estados Unidos, creo que es la primera de las pocas veces que eso ha ocurrido en Villavicencio.

Por último uno de los líderes de la manifestación tomó la palabra para darnos la siguiente instrucción: En adelante a ese parque lo deberíamos llamar “de los estudiantes”, nombre que ayudaríamos a regar por el pueblo. Acto seguido nos dispersamos para nuestras casas.

Sin lugar a dudas cumplimos a cabalidad la tarea, pues luego de aproximadamente 45 años con ese nombre se sigue conociendo el céntrico y concurrido espacio público villavicense.

Tiempo después de aquel estudiantil rebautizo, el parque continuó teniendo cargas históricas que reforzaron su no oficial nombre, pues fue paradero de los estudiantes de la Unillanos, además porque en sus cercanías cayó muerto Carlos Julio Guatavita G., estudiante unillanista herido por el Ejército en confusos hechos; en su vecindad surgieron la ESAP, Unimeta y Politécnico Agroindustrial, instituciones que con sus poblaciones estudiantiles ayudaron a darle identidad al referido lugar.

Por último el parque de los Estudiantes reforzó su memoria simbólica con la instalación de la escultura autoría del maestro, Álvaro Vásquez, igual con la placa que recuerda los nombres de José Yecid Castañeda y Alexis Omaña García, estudiantes locales muertos en diferentes momentos en tormentosos disturbios estudiantiles contra la fuerza pública en la Universidad Nacional.

Con Alexis Omaña o “Guarulo” estudiamos algunos grados de primaria en la escuela Marco Fidel Suárez.

Los 2 anteriores episodios evidencian que a Villavicencio, en alguna medida, llegó la onda expansiva de la internacional revolución estudiantil iniciada en París a partir del conocido Mayo del 68, contagiante movimiento social que originó profundos cambios en la mentalidad de la juventud de esa época.

(*) Comunicador Social comunitario.

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