Recuerdos navideños en Villavicencio

|   Opinión

Opinión. Por: Víctor Raúl Suescún Suescún (*)

 

En mis recuerdos aparece como el primer gran televisor popular, ubicado en pleno Centro de nuestra querida Villavicencio. Justamente en esta época de diciembre e iniciando la novena de aguinaldos, era la novedad para chicos y grandes. Solo lo instalaban para esa temporada decembrina.

Han pasado más de 50 años y el sitio de esa gran distracción del momento ahí está, incólume, la misma esquina patrimonial de tantos recuerdos de varias generaciones, unos muertos, otros todavía vivos: Las once y media.

Esa era la hora que marcaba el aviso de la eterna tienda ubicada en toda la esquina de la calle 39 con carrera 30, diagonal al calzado Sterling. Reconocida por la venta de cerveza, espermas, alpargates, así como el sitio donde se conseguían las cotizas tejidas en hilo negro y con suela de material, que creímos muy típicamente nuestras, pero que siempre han sido elaboradas en tierras de Boyacá.

Aquel gran primer televisor público era un aviso luminoso que al entrar en funcionamiento permitía observar la figura de un tomador, que alzaba o bajaba el brazo en señal de consumir una prestigiosa bebida alcohólica del momento. Salía  el tronco de un señor, que en una de sus manos mantenía un  vaso con cerveza y que subía y bajaba el codo en señal de consumir o tomar aparentemente el sabroso jugo de cebada.

Lo mejor, lo llamativo era observar como inclinaba o extendía hacia atrás la cabeza.

Para nosotros los niños, para los jóvenes de esa época, hoy abuelos, nuestros mayores, hoy ya sepultados, era fabuloso programa ir allí a las “Once y media” a mirar extasiados aquel  aviso con movimiento que lo colocaban a funcionar en horas de la noche, justamente en contraste con la oscuridad. 

Debajo de aquella maravilla macondiana, durábamos parados hasta que el cuello terminaba rendido ante la fatiga de la permanente e incómoda mirada siempre hacia arriba.

La incógnita era lograr entender cómo funcionaba aquella “animación”, totalmente desconocida y que muchas veces uno terminaba siguiéndola rítmicamente.

Ese tal vez fue nuestro primer gran televisor, ahí en pleno Centro de Villavicencio, cuando no existía el mínimo asomo que la señal de televisión llegaría a nuestro querido pueblo. Eran los tiempos de los bonitos y grandes pesebres en los predios del parque Infantil; el club Bavaria donde hoy es el almacén Éxito Centro; en La Cruz cerca al caño Gramalote diagonal a la esquina de La Cigarra, otro establecimiento emblemático de nuestra capital que ya no existe, así como el recordado pesebre del Cuerpo de Bomberos de la ciudad.

Como nos rebuscábamos la forma de acudir a ver y escuchar esas novenas de aguinaldos, amenizadas religiosamente por los sacerdotes hermanos Garavito: Padre Elías y monseñor, Gregorio. Ellos, polifacéticos, tocaban acordeón, órgano y flauta y lo más importante, dirigían los coros que entonaban los alegres villancicos que todavía cantamos a pesar del paso de los años.

Qué bonito recordar aquellos diciembres, en ambientes sanos, en familia y compartiendo con todos aquellos vecinos de la cuadra, de la manzana y el barrio. ¡Que viva la navidad!

(*) Educador, licenciado de Educación Física.

Tienda Las once y media.

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