#OPINIÓN | Joropo tradicional en fiestas de territorio de colonización andina

Por: Óscar Alfonso Pabón Monroy (*)

 

Otra buena sorpresa cultural que tuve durante el recién pasado festival del municipio de Lejanías, fue la que me brindó el “Guapejoropazo”, equivalente al Joropódromo. En pasadas ediciones lo había visto, pero la verdad es que para mí no tenía mayor trascendencia. Caso contrario esta vez me ocurrió.

Lo primero que llamó mi atención fue el número de grupos participantes, llegaron 18, incluidos 2 locales, los demás de Granada, Fuentedeoro, Mesetas, San Martín y Castilla La Nueva.

Luego me alegró ver que la mayoría de parejas, infantiles y juveniles, lucían trajes con diseños campesinos, a la vez que sus maneras de ejecutar el baile de joropo eran bajo los esquemas tradicionales.

Mientras por las calles la muchachada avanzaba algo valseando, zapateando y escobillando, yo trataba de entender cómo en un pueblo de colonizadora formación, y por tanto con gentes llegadas del interior del país en donde los sonidos amplificados de billares y bares la música que domina es la del género popular, de pronto el alegre joropo se coló y le compitió en decibeles.

Ya en el escenario de la concha acústica pude ver una a una las academias con sus creativas propuestas coreográficas ante el jurado. Pude percibir gracia y gusto al bailar, muchas caras sonrientes y juveniles bríos joroperos.

Con base en mis observaciones durante el “Guapejoropazo” 2016 de Lejanías, puedo aquí decir que en la región de Ariari se viene dando un cambio sustancial en la ejecución el baile de joropo.

Lo digo porque allí como en otros sitios de la zona llanera, el estilo y los trajes que imperaban eran los de “proyección”, que desvirtúan los parámetros tradicionales de este bien folclórico.

Al indagar por ese hecho, supe que la implementación de esa pedagogía se les debe a los profesores de las escuelas folclóricas de ese sector metense, quienes han tenido en cuenta los contextos históricos del folclor llanero y los han introducido a sus labores formativas.

Un factor más que en esa jornada folclórica detecté, es la presencia de noveles intérpretes de la instrumentación llanera, oriundos de esos territorios metenses.

Entre ellos destaco a un muchacho arpista, que a su interpretación le imprime mucha fuerza, ritmo y sabor. Me dijo que se llama Luis Londoño y que es natal de la vecina municipalidad de San Juan de Arama, de donde esa mañana llegó para apoyar al lejaniense grupo base.

Para quienes de manera respetuosa hemos criticado el abandono de la ejecución tradicional del baile del joropo, nos reconforta ver el alto en el camino que en la región del Ariari se viene dando, para retomar y enseñar las raíces de esa alegre y ancestral expresión folclórica de los Llanos colombo venezolanos.

(*) Comunicador Social comunitario.

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