El libro Aproximación al Joropo “desnudó” la forma como se maneja el folclor llanero en Meta

|   Opinión

Por: Édgar Alfonso Aroca Campo (*)

 

Varios libros de autores que están en el departamento de Meta tuve la fortuna de leer en estos últimos días, permitiéndome explorar la riqueza literaria de esta región, pero de la editorial Entreletras me sedujo el texto presentado en la Feria del Libro 2017 con el título, Aproximación al Joropo, de Nancy Espinel Riveros y Nicolás Espinel Sánchez.

Inicialmente me llamó la atención porque descubrió que el joropo, como música, por razón política llegó a Villavicencio con los vaqueros que traían ganado de Arauca o Casanare. Según los autores en 1908 a través del golpe de Estado llegó al poder en Venezuela, Juan Vicente Gómez, quien cerró en 1910 la frontera por el lado colombiano y prohibió el ingreso a su país de nuestros bovinos.

Como los dueños de los hatos araucanos y casanareños tenían muchos animales “represados”, decidieron venderlo en Villavicencio y de acá lo “subían” a Bogotá, en lo que se conoció como las grandes sacas de ganado, donde miles de vacas y toros eran arreados por 20, 30 o 60 llaneros.

Para la primera mitad del XX la mayor influencia en esta municipalidad venía de la montaña, de la zona Andina, de Cundinamarca, y del otro lado donde estaba el llamado Tolima Grande son sus “cultos” aires musicales, por eso el joropo de los llaneros era visto con desprecio porque era cantado y tocado por gente rural, sin formación académica ni tradición familiar de alto turmequé.

Cuando los dueños del ganado pagaban, pues los criollos se dirigían a la zona de tolerancia en calle del Pedregal -hoy Barzal bajo o La Cruz-, y hasta el amanecer bailaban y cantaban "esa música", pero con el tiempo se expandió a las salas de las casas de todos los habitantes de Villavicencio para volverse hoy muy popular.

La primera conclusión que me dejó el libro es que nuestra tradición como amantes del joropo hasta ahora está superando el siglo, además nos sirvió para buscar identidad cultural y tratar de ubicarnos en esta región, porque pueblos araucanos, casanareños o vichadenses son más llaneros que nosotros.

Ya estaba satisfecho, pero después se vino una avalancha de información que nos debe servir a los ciudadanos para cuestionar el manejo de los gobiernos a cultura, sumado a la precarización del joropo, el negocio entorno a él, las diferencias entre el "mundo" que nos venden los políticos y la realidad, evolución del folclor y la forma como usamos al joropo solo para satisfacer turistas.

Desgranemos la mazorca

La Aproximación al Joropo de los Espinel nos trae el elemento histórico anteriormente descrito, pero también es un valioso texto donde se analiza qué se hace con esa expresión llanera, donde los institutos de cultura están “pifiados” en su manejo, porque le gastan más a espectáculos para atraer turistas que a la formación de talentos.

Somos una ciudad multicultural, pero se nos impone el joropo por caprichos de los políticos, por eso han aparecido días de la llaneridad que no dejan nada en el alma, y es sólo la necesidad de ir a disfrazarnos, parecernos criollos y cumplir.

No le están dando la misma importancia a expresiones culturales de las gentes del Pacífico, Caribe, zona Andina, las llamadas tribus urbanas (Hip hop, rock, música electrónica), ni a indígenas o negros, quienes tiene su propio sonido, su propia forma de pintar o esculpir, pero todo el presupuesto se queda en joropo y acá es donde le nació la otra pata al gato.

Los políticos en campaña también tienen entre sus militantes a gestores culturales, que se la juegan por X o Y persona, en una apuesta por la sobrevivencia. Es bien sabido que durante cada gobierno manda un grupo, que provee los artistas para las fiestas privadas del mandatario, viajan bastante, les dan los mejores contratos y hacen las grandes aperturas de los festivales.

Como muy bien lo dice el análisis de los Espinel, las academias de joropo se convirtieron en fábricas de votos, porque cada joven cuenta con el respaldo de 3 personas o más, que son mayores de edad, y eso lo sabe quien maneja el grupo.

La combinación de votantes, más el trabajo político y el aporte de dinero, eso le garantiza a la academia la jugosa contratación, deciden sobre artistas, dicen qué está bien o está mal para hacer en los institutos y les hablan al oído a los directores.

De la mano con esa mercantilización del joropo, se desprenden 2 discusiones que tiene el libro: Precarización del joropo y las ganas de complacer a los de afuera.

Sobre lo primero hay que decir que el joropo es tan rico culturalmente, como expresión de una región, que al escuchar el sonido del arpa o ver bailar una pareja, se quedan con la boca abierta. Las academias menos favorecidas, o quienes están alejados de la jugosa contratación, se tienen que vender al mejor postor.

En restaurantes o donde en cualquier reunión de público se volvió común ver niños, jóvenes y sus padres rasgando un cuatro, para tratar de ganarse algunas monedas; cantantes no tan famosos venden en las calles su música por menos del valor de la carrera mínima en taxi o conjuntos callejeros que ofrecen canciones a 5 mil pesos.

Los autores de la Aproximación al Joropo también nos ponen a pensar en la forma como se están promoviendo todos los elementos que componen nuestro folclor, por eso plantean el paso de un baile criollo al contemporáneo, alejándonos de la verdadera esencia, con la excusa que debemos hacer un espectáculo para asombrar.

En ese plan de conservar la tradición nos están “compitiendo” muy fuerte los del Pacífico o Caribe, quienes "venden" lo autóctono y están poniéndolo por encima de cualquier cosa, así existan quienes quieran vestirlo de esmoquin.

Nancy y Nicolás explican sobre las ganas de complacer a unos turistas. A esos visitantes les debemos agradecer al sentirse atraídos por nuestra expresión cultural, pero sería más enriquecedor mostrar el joropo hecho en el campo.

Ahora se desdibuja cuando queremos zapatear más duro, saltar más alto, ponernos en la correa la chapa más grande, o parecer “cowboys” de una película donde no estamos en el libreto.

Como eso es lo que ven los empresarios del turismo, quienes tienen de referencia a escuelas e institutos de cultura, entonces eso mismo replican en las empresas mandando un mensaje equivocado a los visitantes.

La Aproximación al Joropo de Nancy y Nicolás Espinel, como ellos mismos lo dicen, es el inicio de una discusión que se tiene que seguir dando, por eso es valioso que pongan en la mesa el tema para que se den las  mejores decisiones, así que recomiendo su lectura para que sepamos de dónde venimos y en qué estamos.

En los siguientes días les contaré como me fue con los libros, El hombre que se mece, de Jaime Fernández; El destino de la luz, de Alfredo Molano y Relatos de una sombra, de Juan David Botero Ospina.

(*) Periodista y locutor. Director de NoticiasdeVillavicencio.com y presidente de la Asociación de Periodistas del Meta. Contacto: director@noticiasdevillavicencio.com.

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